Hoy en día, todos los profesionales de la comunicación nos enfrentamos a una discusión constante sobre qué comunicar, pero más allá de la reflexión sobre qué decir, las preguntas serían ¿Qué tanto debemos decir? ¿Qué tanto es necesario decir para generar confianza y reputación?

El desarrollo de políticas empresariales y los acuerdos de confidencialidad que existen en todo tipo de organizaciones de orden legal, financiero, entre otros tantos, hacen que el comunicador de las organizaciones deba mantener un discurso claro y asertivo que, por ningún motivo ponga en desventaja o que llegue a afectar la operación, la reputación, ni el futuro de la organización o a la persona sobre quién se informa.

La comunicación debe ser transparente pero alineada a la razón de ser del negocio, a sus objetivos e intereses. Finalmente, lo que el comunicador busca es y será producir efectos, cambiar visiones, generar acciones, provocar comportamientos, suscitar compromisos, entre otros propósitos; y en la mayoría de ocasiones, por no decir siempre, si contamos absolutamente todo lo que tenemos, lo más seguro es que no logremos nuestro objetivo. Por ende, la comunicación es indivisible de todo proceso de influencia, de interpretación, de negociación y de transformación de pensamientos y comportamientos. Por esta razón, la comunicación hoy en día, y hoy más que nunca, debe ser argumentativa y demostrativa. Apelando a Phillippe Breton “Saber argumentar adecuadamente es saber convencer sin manipular”.

Es por esto que las organizaciones necesitan hoy en día y de cara al futuro, ir más allá de su discurso tradicional, creando o reforzando su narrativa, superando lo escrito en el papel y llegando a demostrar con acciones concretas lo que comunican, logrando así que sus grupos de interés no solo les crean, sino que confíen en ellas y terminen generando una relación a largo plazo. Para esto, se debe tener en cuenta, sobre todo en el mundo actual, que la evolución de la internet, el uso de las redes sociales, la rapidez y la viralidad de la difusión de la información, entre otros temas, permean absolutamente la comunicación tradicional, como la enseñaban hasta hace pocos años en las escuelas de comunicación.

Contar las historias de la organización a los diferentes públicos, asegurando que estos discursos sean compatibles entre sí, comprensibles y demostrables, es la clave para construir confianza y reputación. No podemos creer que las audiencias no entienden o no conocen y mucho menos pensar que podemos hacer creer que todo lo que comunicamos es la totalidad de la información y la verdad absoluta. Por eso el reto de la comunicación se basa en construir confianza en función de los intereses de todos los protagonistas, reconociendo a los públicos como seres pensantes e inteligentes y construir reputación bajo la premisa de la acción y la responsabilidad.

Por: Santiago Giraldo

Asociado Senior, práctica de Asuntos Corporativos